Buscan proteger el patrimonio cultural durante la construcción del Tren Maya

En octubre de 2018, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tuvo conocimiento del Proyecto del Tren Maya. Desde entonces, se ponderó el alto potencial arqueológico que podría estar en riesgo por esta obra, la cual recorrerá cinco estados de la península de Yucatán (Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo), a lo largo de casi 1,500 kilómetros.

Para dar el visto bueno de construcción, el INAH solicitó varios requisitos al Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR) ―instancia responsable de realizar la obra―, entre los cuales se encontraba el trazo mismo de la ruta. El Proyecto Ejecutivo para la construcción del Tren Maya fue evaluado en reuniones extraordinarias por el Consejo de Arqueología de la institución, organismo colegiado que el 23 de enero de 2020 determinó que el proyecto es viable, pero que se debería acompañar de los programas y trabajos arqueológicos apropiados para evitar afectaciones al patrimonio arqueológico.

El documento académico para la atención de dicho trabajo, elaborado por el INAH, tiene como fundamento evitar afectaciones previstas en la obra y llevar a cabo una investigación científica profunda mediante el salvamento arqueológico, la cual permita un mayor conocimiento de la historia antigua de los mayas de estas regiones.

El Instituto considera un área de influencia de 30 kilómetros, 15 a cada lado de la vía, debido a que el Tren Maya será de alta velocidad, lo que requiere de curvas muy amplias para evitar accidentes. En ese margen de 30 kilómetros se tienen 1,773 sitios inscritos en el Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos, que van desde concentraciones de materiales y sitios de carácter gráfico-rupestre, hasta monumentales.

TREN MAYA

Frente a este panorama y con el objetivo de dar una respuesta institucional en el menor tiempo, se planteó la necesidad de contar con un levantamiento topográfico con tecnología LIDAR, el cual permitirá avanzar en la interpretación del terreno a ser impactado, definir áreas críticas, hacer las verificaciones en el campo y establecer estrategias coordinadas con el FONATUR y las empresas constructoras.

Lo anterior, en aras de proteger el patrimonio arqueológico y llevar a cabo acciones que, con base en modificaciones del trazo, la incorporación de vestigios al propio proyecto constructivo o excavaciones de salvamento arqueológico, den paso al desarrollo del proyecto del tren.

Los primeros diagnósticos realizados sobre las rutas proporcionadas o publicadas por el FONATUR, permitieron establecer que la obra incidiría en 31 zonas arqueológicas abiertas oficialmente a la visita pública; en 19 zonas arqueológicas con algún grado de visita; en 1,773 sitios arqueológicos (de diversas características) inscritos en el Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos, Históricos y Paleontológicos; así como en 42 cenotes.

Con los primeros resultados de la prospección LIDAR, llevada a cabo mediante un convenio con el FONATUR y con recursos propios, se han hecho las interpretaciones correspondientes al Tramo 1 (Palenque-Escárcega), donde se ubican Palenque, Pomoná, Moral-Reforma y 480 sitios arqueológicos registrados, entre ellos Aguada Fénix, recientemente descubierto, con el fin de hacer del conocimiento del FONATUR los puntos críticos con alta presencia de vestigios arqueológicos, mismos que se encuentran en proceso de valoración.

Por ley, el INAH determinará, metro por metro, la factibilidad del proyecto que se presentó, una vez que se realicen y se cuente con los resultados de los sobrevuelos con LIDAR, técnica de teledetección óptica, la cual permite obtener una muestra densa de la superficie y detectar la concentración de vestigios culturales. En tanto no se lleven a cabo los dictámenes correspondientes, no se podrán efectuar trabajos constructivos.

Asimismo, se harán intervenciones simultáneas en los siete tramos que comprende el tren y, de ser necesario, excavaciones de forma paralela a los reconocimientos de superficie.

El trabajo del INAH y del FONATUR está vinculado desde que esta última instancia presentó ante el Instituto el trámite correspondiente para lograr el visto bueno de la obra. El acompañamiento de la obra del Tren Maya que lleva a cabo el INAH, tiene por objetivo, desde el ámbito arqueológico, avanzar en el conocimiento de las sociedades pretéritas en las distintas regiones por donde cruza la ruta, mediante una investigación de salvamento arqueológico.

Actualmente, más de la tercera parte de la investigación arqueológica nacional está vinculada con la actividad de salvamento. La profesionalización ―cada vez mayor― de estas tareas, las cuales se desarrollan durante la supervisión de obras de infraestructura, ha producido y sigue aportando información novedosa sobre el devenir de nuestro territorio.

La Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del INAH, participa en el desarrollo de este proyecto de infraestructura, tanto del propio tren como de las obras derivadas de ello, garantizando que no se afecten los vestigios arqueológicos y la información arqueológica inherente, mediante exploraciones controladas para, finalmente, procesar la información recuperada y propiciar su divulgación en distintos ámbitos de la sociedad.

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Recordando a Frida Kahlo y Juan O’Gorman

La Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) recuerdan el nacimiento de dos importantes figuras del arte mexicano: Frida Kahlo (1907-1954) y Juan O’Gorman (1905-1982), colegas y entrañables amigos que comparten el 6 de julio como  fecha de aniversario de su nacimiento.

Para esta ocasión y en el marco de la campaña “Contigo en la distancia”, a través del Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, se presenta una serie de publicaciones, desde imágenes de sus obras más relevantes, fotografías, citas y testimonios de personalidades de la época, hasta una selección de música, así como actividades para realizar en casa, entre éstas un museo recortable y un juego de mesa.

Los contenidos comenzarán a ser difundidos este 6 de julio en contigoenladistancia.cultura.gob.mx y en las redes sociales del INBAL y en las del recinto museístico.

Frida Kahlo nació en Coyoacán, Ciudad de México, y fue la tercera de cuatro hijas del matrimonio de Matilde Calderón y Guillermo Kahlo. En 1922 fue una de las 35 mujeres que en esa generación ingresaron a la Escuela Nacional Preparatoria.

Junto con Alejandro Gómez Arias formó el grupo Los Cachuchas, integrado por jóvenes que se convertirían en importantes intelectuales del México posrevolucionario. Mientras cursaba el bachillerato conoció a Diego Rivera cuando él pintaba el mural La creación, en el Antiguo Colegio de San Ildefonso.

En 1929 contrajeron nupcias y vivieron en Estados Unidos de 1931 a 1934. Asimismo, intercedieron para que México recibiera en 1937 a León Trotsky, quien viviría el resto de su vida asilado en México.

Frida Kahlo participó en la Exposición Internacional del Surrealismo organizada por César Moro y Wolfgang Paalen en la Ciudad de México en 1940; en la Exposición Internacional del Golden Gate, en San Francisco, California, Estados Unidos, y en la muestra Veinte siglos de arte mexicano, organizada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York, en el cual también tuvo una importante exhibición individual, así como en París en 1939.

En 1943 comenzó a dar clases en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, del INBAL. Entre las obras que realizó en su estudio de la casa de San Ángel sobresalen Autorretrato dedicado a León Trotsky (1937), Las dos Fridas (1939), Lo que el agua me dio (1938) y La mesa herida (1940).

Falleció el 13 de julio de 1954. Su obra, ligada a una vida desarrollada en el centro de la escena artística del siglo XX, así como su personalidad genuina, controvertida y seductora, la han convertido en una figura mítica del arte mexicano.

Frida Kshlo

Precursor del funcionalismo en México

El muralista, pintor, arquitecto y dibujante Juan O’Gorman también nació en el barrio de Coyoacán. Precursor del funcionalismo y considerado por muchos el padre de la arquitectura moderna en nuestro país, inició sus estudios profesionales en la Escuela Nacional de Arquitectura, donde entró en contacto con Carlos Tarditi, José Villagrán y Carlos Obregón Santacilia, con quienes realizó sus prácticas profesionales. También fue alumno de Guillermo Zárraga y José Antonio Cuevas.

A los 17 años conoció a Diego Rivera, cuando el pintor realizaba el mural del Antiguo Colegio de San Ildefonso, que entonces era la Escuela Nacional Preparatoria. En ese mismo lugar también conoció a Frida Kahlo, con quien entabló una amistad que duraría hasta el deceso de la pintora.

En 1929, O’Gorman comenzó la construcción del primer inmueble funcionalista de México, en el barrio de San Ángel: la Casa Cecil O’Gorman, así como la casa estudio para Rivera y Kahlo. Ambos proyectos son considerados el principio de la arquitectura moderna en México, influidos por las corrientes de vanguardia europeas, particularmente de la escuela de la Bauhaus y del arquitecto Le Corbusier.

Tras un intenso periodo de trabajo, dentro del que legó un conjunto de 26 escuelas primarias a nivel nacional, además del entonces nuevo edificio del Banco de México y parte de la urbanización del Pedregal, con apenas 30 años decidió retirarse de la arquitectura y dedicarse de tiempo completo a la pintura, disciplina desde la cual abordó temas históricos y ejerció una aguda crítica a la sociedad de su tiempo.

Entre los murales que realizó destacan el de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México, el de la Biblioteca Gertrudis Bocanegra, en Pátzcuaro, Michoacán, el del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y el del Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, el cual quedó inconcluso.

Miembro de la Academia de Artes y Premio Nacional de Ciencias y Artes en el rubro de Bellas Artes, Juan O’Gorman fue autor de un conjunto de obra imprescindible en la historia de la arquitectura y del arte nacionales. Murió el 18 de enero de 1982 en su casa de San Ángel, a unas cuantas calles de su primera obra arquitectónica, con la cual había modificado la historia de esa disciplina en México.

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Espacios culturales se preparan para la nueva normalidad

Se informó sobre  la apertura escalonada de museos y espacios culturales, los cuales se estarán abriendo paulatinamente bajo la estricta aplicación de medidas preventivas como filtros de acceso, uso de obligatorio del cubrebocas, mantener sana distancia, lavado de manos y/o aplicación de alcohol en gel, limpieza y desinfección de superficies, aforo reducido al 25 por ciento de capacidad, en un horario de 11:00 a 15:00 horas.

El semáforo naranja nos obliga a  restringir el acceso a población menor de 12 y mayor de 59 años, así como población en riesgo: mujeres embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas.

En cada uno de los espacios se implementarán protocolos sanitarios y contarán con los insumos necesarios para el correcto funcionamiento de estas medidas.

En esta primera etapa de monitoreo los museos que abren sus puertas a partir del próximo 7 de julio son: Museo de Arte Contemporáneo, Federico Silva Escultura Contemporánea,  Leonora Carrington San Luis, Francisco Cossío y Museo del Ferrocarril.

Para mayor información se les invita a visitar las redes oficiales de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de San Luis Potosí.

¡Juntas y juntos podemos cuidarnos!

Las fechas de reprogramación de actividades culturales de forma presencial se darán a conocer a través de los distintos espacios con los que cuenta la Secretaría de Cultura en San Luis Potosí, como redes sociales institucionales, la App “SLP Cultura” disponible para dispositivos móviles Android como iOS, y en medios de información y comunicación.

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El Tercer Género: muxes, chotos y marisoles

En el vaporoso clima de Cuajinicuilapa, población afromestiza de la Costa Chica guerrerense, la antropóloga Tania Ramírez Rocha tuvo sus primeras conversaciones con los marisoles, hombres que “transgreden” la identidad de género asignada y se identifican con los “roles” femeninos. A partir de esa experiencia, de la que dista más de una década, la especialista se ha interesado en el estudio de aquello que subvierte el sistema patriarcal y el desplazamiento de lo masculino.

La investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), explica que desde los años 70, cobró fuerza la idea de “un tercer género” para referirse a personas que “cambiaban” el género que la sociedad les asignó, ya sea por su cuerpo u otro elemento; especialmente en regiones consideradas no urbanas o indígenas, fuera del mundo urbano eurocéntrico.

Los hijras de la India y los berdache de Norteamérica, sirven de ejemplo, al igual que los muxes de Juchitán, Oaxaca, los chotos de Veracruz o los marisoles de Cuajinicuilapa, en el caso mexicano.

En palabras llanas, dice la especialista del Centro INAH Morelos, no todos los hombres “valen” lo mismo ante el sistema patriarcal, ni todas las mujeres, “pero como todo sistema de poder, siempre alberga grietas y cambios”. Y es en el ámbito de lo festivo-religioso, donde Ramírez advierte que se encuentra una hendidura a través cual se otorga valor y reconocimiento social a estas personas “transgresoras”.

Por ejemplo, en muchas regiones del país, los hombres afeminados y las mujeres son rezanderos, cuya labor tiene peso a nivel social, destaca la antropóloga, autora del artículo Las fronteras del género y sus grietas, en el número más reciente del suplemento cultural El Tlacuache, cuyo acceso es libre y se difunde en el marco de la campaña nacional “Contigo en la Distancia”, de la Secretaría de Cultura.

La investigadora lanza una serie de preguntas: ¿cuál ha sido su papel en la sociedad?, ¿están fuera de la norma social o son parte de ella?, ¿los hombres vestidos de mujeres en carnavales, son lo mismo que los denominados jotos, chotos, marisoles, gays, muxes?

Tercer genero

La idea de dualidad

Para intentar comprenderlo se debe retroceder en el tiempo. Tania Ramírez recuerda que en el México prehispánico existía la figura del cuiloni o cuilonime (en plural), descritos en fuentes como hombres practicantes de “la sodomía”, pues era el referente colonial para explicarlo ante el catolicismo español. En contraste, cuachic definía al hombre que actuaba según el ideal masculino, que era demostrar furia y fortaleza en el campo de batalla.

“No obstante, ante el juego de las relaciones de poder activas y cambiantes, los hombres que ingresaban al espacio femenino, y ‘que parecían mujeres’, tenían una vía para el reconocimiento social, como sucede en gran parte del territorio mexicano contemporáneo. En Tlaxcala, por ejemplo, los cuilonime’ participaban en la fiesta de la veintena del quecholli para la diosa Xochiquetzal.

“La participación en espacios festivo-religiosos deriva de la noción de la divinidad y bajo una concepción dual cosmogónica. Omteotl era un concepto que englobaba lo femenino y lo masculino. El principio cosmogónico involucra fuerzas duales en equilibrio y pugna: la noche-el día; frío-caliente; húmedo-seco; cielo-inframundo, entre otras”, explica la antropóloga al referir que, en este sentido, el hombre que se desplaza hacia la feminidad, engloba una dualidad

En el ensayo del órgano de difusión del Centro INAH Morelos, Ramírez explica que durante su trabajo etnográfico en  Cuajinicuilapa observó que —si bien el tiempo y el espacio no es el mismo al de los antiguos cuilonime— los hombres que se desplazaban por las tareas de mujeres o se visten como mujeres, tenían un reconocimiento social y participaban activamente en las festividades.

La religiosidad que ha escapado a la normativa del catolicismo legitimado, es decir, los llamados “catolicismos populares” o de otras religiosidades no eurocentradas, ha sido una esfera de reconocimiento y valoración social de este sector de la población. “Los hombres que escenifican a las mujeres y lo femenino, aparecen en diversos carnavales en México, y también no solo en los momentos festivos, sino en la vida cotidiana”.

En Cuajinicuilapa, mediante el entretejido de influencias religiosas (la cosmovisión mesoamericana, las raíces de culturales africanas y el catolicismo), “se dio una asociación entre el hombre que mantiene prácticas sexuales o relaciones afectivas con otros hombres, y las sexoservidoras; de manera que ambos organizan la festividad dedicada a María Magdalena”, añade.

En todo caso, la celebración religiosa permite ganar escaños en las posiciones de poder en las que se encuentran ambos ante el modelo patriarcal.

La antropóloga comenta que la dualidad también se expresa en los nombres de los marisoles de Cuajinicuilapa, uno en masculino y su feminización: “Noé-Noelia, quien en aquel momento tenía 12 años de edad, me explicaba que en la escuela, los profesores le decían Noé, pero en la calle, con sus amigos o ciertos familiares, era Noelia. Asimismo, al vestir podía incorporar elementos asociados a las mujeres, como minifaldas de mezclilla”.

Las “viudas” de Morelos

Tania Ramírez concluye su artículo hablando de las “viudas” del centro de México, en concreto del estado de Morelos, cuyos personajes ha estudiado recientemente. Durante los carnavales aparecen hombres que, por diversión, visten de mujer y recorren las calles del lugar con una caja que alude al “ataúd de su esposo”, llorando y con alguna bebida alcohólica en mano.

“Esto, por un lado, refleja el control de lo masculino sobre la representación de lo femenino; de quién puede representar a quién y bajo qué tono, satírico en este caso. Y por el otro, el participar como ‘viuda’, puede implicar romper con la masculinidad, aunque sea por un día. Es una vía de subvertir el orden social”.

En los concursos que se hacen para determinar quién fue “la mejor viuda”, incluso, se trazan las luchas de poder entre quienes se consideran “hombres” y los “afeminados” o que cumple un rol femenino en la sociedad; “podemos decir que se da una separación entre los hombres que buscan hacer una ‘escenificación’ o ‘burla de lo femenino’, frente a quienes buscan formar parte de ‘lo femenino’ en la vida diaria, o de un nuevo modelo dual o de desplazamiento de género.

“En todo caso, para quienes están en el segundo rubro, las condiciones de vida suelen conllevar violencia y formas de exclusión. Pero, junto con otros sectores de la sociedad —que no forman parte de las posiciones de poder—, buscan luchar y transformar las relaciones de género”, finaliza la antropóloga.

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Mas notas

Inicia recopilación de datos del sector cultural

Los datos que se recaben servirán para construir instrumentos de medición común que contribuyan a generar información para la toma de decisiones en el corto plazo.

La Secretaría de Cultura, como parte de su estrategia para garantizar los derechos culturales y realizar acciones específicas para atender a la comunidad cultural, da inicio al Sondeo Nacional de diagnóstico sobre la situación ante el coronavirus COVID-19.

Los datos que se recopilen permitirán actualizar el Sistema de Información Cultural y así abonar a la propuesta realizada por la secretaria de Cultura Alejandra Frausto Guerrero a la directora general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Audrey Azoulay, para comenzar una reflexión global que tenga como base la solidaridad entre los países y la protección de los derechos culturales y de los trabajadores del sector, a fin de conformar una red económica y de intercambios artísticos y culturales.

En el caso de México, se prevé que a partir de los datos que recopile el Sondeo se podrán construir instrumentos de medición común que contribuyan a generar información para la toma de decisiones en el corto plazo y de cara a la crisis que está enfrentando la comunidad cultural y artística nacional ante la presencia del coronavirus COVID-19.

Este mecanismo permitirá continuar en el diseño de México Creativo (economía creativa con dimensión social) como modelo que permita colocar a la cultura como el eje transversal de la Agenda 20/30 para el desarrollo y, al mismo tiempo, diseñar políticas públicas, reformas legislativas y nuevos esquemas de relación entre el Estado y la sociedad que también hagan de la cultura un modelo de cooperación y desarrollo sustentable y sostenible.

El sondeo está disponible en https://mexicocreativo.cultura.gob.mx/ a partir de este 22 de junio de 2020. Podrán participar de manera voluntaria personas a título personal, como trabajadores que desarrollan su actividad en cualquier disciplina o sector cultural, o bien, como representantes de una institución, organización o empresa, hasta el próximo 30 de julio.

Es importante mencionar que el modelo de cuestionario que se abrirá para recopilar la información de la comunidad cultural afectada por la contingencia sanitaria se encuentra en sintonía con modelos planteados por la Unesco, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura; del Banco Interamericano de Desarrollo, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, de la Federación Internacional de Consejos de las Artes y Agencias Culturales y de la Secretaría General Iberoamericana; además, se envió a consulta con la Organización de los Estados Americanos.

El Sondeo Nacional de diagnóstico sobre la situación ante el coronavirus COVID-19 se suma a la puesta en línea del Registro Nacional de Agentes Culturales «Telar», el cual tiene por objetivo obtener información útil, precisa y actualizada que permita reconocer, impulsar y desarrollar la diversidad de culturas locales.

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La colección metalúrgica más grande del México prehispánico

La investigación interdisciplinar desarrollada por el INAH, ha permitido conocer, conservar y restaurar dos mil, de los más de cinco mil objetos que lo integran

Hace mil 400 años, en el siglo VII d.C., la metalurgia surgió como una expresión notable en el área de occidente e irradió a toda Mesoamérica; el metal aunaba propiedades estimadas para el pensamiento prehispánico y los mecanismos de transmisión de mensajes ideológicos, de estatus y poder, de ahí la importancia del acervo de orfebrería arqueológica del Museo Regional de Guadalajara (MRG), que constituye el más grande y diverso del México antiguo.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) inició, en 2012, un proyecto de investigación de enfoque interdisciplinar, con la misión de investigar, conservar y difundir esta extraordinaria colección. Durante cuatro años, especialistas lograron conocer con mayor profundidad, además de conservar y restaurar, dos mil objetos que fueron seleccionados como una primera muestra para su diagnóstico.

Cada pieza de este corpus metálico, compuesto en su totalidad por más de cinco mil elementos de joyería, representa un testimonio único e irremplazable, por lo que esta iniciativa optó por estudiarlos y tratarlos de forma individual, señalan sus responsables, las restauradoras perito Sara Fernández Mendiola y Luisa Mainou Cervantes, así como los arqueólogos Víctor Igor Quintana Cruz y Daniel Ruiz Cancino.

En el marco de la campaña “Contigo en la Distancia”, de la Secretaría de Cultura, ambos expertos del Centro INAH Jalisco y del MRG, respectivamente, explican que el conocimiento de las civilizaciones de occidente (Jalisco, Nayarit, Colima, sur de Zacatecas) en cuanto a la fundición, el vaciado y martillado del metal, fue proveído por las culturas del sur del continente americano, y ellas lo desarrollaron incorporándolo a su vida bajo sus propios medios.

En sitios de esta región se han registrado objetos de metal en contextos que han sido datados de manera relativa y absoluta (C14); pero también persiste el saqueo, el cual deja “una larga estela de piezas sin contexto que, en ocasiones por diversas circunstancias, llegan a los espacios investigativos como el MRG, siendo un recurso a estudiar”, anotan.

El proyecto en torno a la colección metalúrgica prehispánica del MRG, abrió un espacio inédito para el tratamiento de este tipo de materiales arqueológicos en la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH, y desde entonces cuenta con un sitio y equipo técnico adecuado para emprender su preservación, refiere Sara Fernández Mendiola, restauradora de este centro de trabajo.

La especialista, quien desde entonces ha trabajado en las colecciones de orfebrería mixteca de la Tumba 7 de Monte Albán, así como en otra obtenida de un barrio de comerciantes en Tlatelolco, y en acervos de otros museos de occidente, hace hincapié en que el punto de partida para la conservación y restauración es el estudio de estos materiales, el cual abarca desde la caracterización por tipología, técnicas de manufactura, diseños, metales utilizados, hasta los deterioros y las capas de corrosión presentes en las piezas.

Un diagnóstico pormenorizado

En el caso del acervo metalúrgico del Museo Regional de Guadalajara, éste se ha clasificado en 27 categorías de diseño, que engloban una tipología de 275 definiciones. Una lectura de los datos reveló una orientación de la metalurgia hacia la fabricación de objetos de adorno corporal y un porcentaje reducido (arriba de 10%) de herramientas.

Asimismo, “se establecieron las partes que integran el cuerpo del artefacto a partir de un escrutinio macroscópico, registrando proporciones y huellas del proceso de factura, dimensiones y peso, y además elaboramos una guía técnica con el fin de unificar criterios de clasificación.

“Una parte fundamental del diagnóstico fue la minuciosa identificación de los materiales constitutivos de las piezas, así como las técnicas de manufactura de tan variados objetos. Para esto nos valimos del examen visual con lentes de aumento y microscopio estereoscópico, análisis con luz UV, toma de placas radiográficas, observación con microscopio de barrido (MEB); además del análisis de la composición química de los elementos traza con análisis elemental no destructivo, mediante espectometría de dispersión de energía de rayo X (EDS) y por emisión de rayos X inducidos por partículas (PIXE).

“Con los datos obtenidos pudimos reconocer que la colección de orfebrería arqueológica del MRG está caracterizada por piezas creadas con cobre, oro y plata y sus aleaciones, tanto binarias como ternarias, rasgos que le confieren propiedades físicas, químicas, mecánicas y estéticas diversas”, detalla Fernández.

Con el cobre y sus aleaciones se obtuvieron agujas, alfileres, anillos, anzuelos, argollas, azadones, barras, botones, cascabeles, cinceles, cuentas, espátulas, figurillas, fistoles, hachas-moneda, hachas, pinzas, punzones y ornamentos de alambre y lámina, pendientes, pinzas, prendedores de barra, punzones y remates de bastón. En oro fueron elaborados bezotes, cuentas, figurillas y adornos de lámina; mientras que con plata también se produjeron ornamentos de lámina, orejeras, anillos y figurillas.

Restaurando el esplendor perdido

La restauradora agrega que los resultados revelaron la presencia de diversos productos de corrosión generados por variaciones en la humedad, la temperatura y el entorno del objeto metálico.

“El estudio radiográfico de todas las piezas nos permitió evaluar la estructura interna de los objetos y su resistencia, aparte de reconocer formas y decoraciones ocultas por las capas de tierra y corrosión. Dentro de las alteraciones estructurales identificadas, las cuales inciden en la pérdida de resistencia en el diseño de los metales, se encontraron faltantes, fracturas, grietas, fisuras, rayones, dobleces, melladuras, abolladuras y deformaciones”.

Con este profundo diagnóstico en mano, se decidió que la intervención directa de la colección metalúrgica sería bajo los criterios básicos de mínima intervención, la compatibilidad de los productos empleados para garantizar la estabilización y conservación de los objetos, así como la reversibilidad de los materiales añadidos y el respeto a la legibilidad de cada pieza.

Para entrar en los detalles de este minucioso proceso, Fernández Mendiola Al tomar con delicadeza un anillo con el rostro del señor desollado Xipe Tótec, elaborado en falsa filigrana, técnica que tiene una presencia destacada dentro de la colección del MRG, Sara Fernández explica que la limpieza de los objetos requirió de distintos métodos para eliminar materiales ajenos que promovían el deterioro e impedían su apreciación visual.

Así, fueron removidos restos de tierra, concreciones de sales, rastros de grasa y sudor, resinas, mallas y pinturas. Sin embargo, se conservaron los materiales asociados (celulósicos, malacológicos y ciertos depósitos relacionados con la degradación de restos humanos) y los productos de corrosión estables, “pues corresponde a información primaria sobre su enterramiento, uso y autenticidad; además la corrosión pasiva contribuye a la estabilidad química del objeto”.

Tras evaluar las piezas de la colección y enfocarse en contrarrestar los efectos del deterioro estructural, se determinó realizar la unión de fragmentos de las piezas con un adhesivo que se mantiene estable durante varios años. De igual forma, se colocaron refuerzos y resanes estructurales que garantizan la adecuada conservación y exhibición de los objetos.

Al terminar las intervenciones directas, se realizó el empaque especial de cada una de las dos mil piezas, a fin de evitar su manipulación directa y asegurar su correcto almacenaje dentro del acervo del museo, al cual serán reintegradas próximamente, quedando a la espera de la reactivación del proyecto para continuar con el estudio y conservación de toda esta importante colección.

Todo este trabajo, concluye la restauradora, demuestra la importancia de trabajar con equipos interdisciplinarios en los proyectos referentes al patrimonio arqueológico, donde la participación del área de conservación debe tener injerencia en la toma de decisiones sobre su cuidado y destino.

Información -https://www.gob.mx/cultura/prensa/vuelve-a-refulgir-la-coleccion-metalurgica-mas-grande-y-diversa-del-mexico-prehispanico?idiom=es

Presentan libro sobre el estudio del racismo en México

Reúne 12 ensayos que reflexionan acerca de cuándo surgió, por qué y cómo se manifiesta el racismo en México

La obra en la que participan 12 destacados investigadores, fue presentada este jueves 18 de junio a las 18:00 horas, a través de la cuenta oficial de Facebook de la Coordinación Nacional de Difusión, en el marco de la campaña “Contigo en la Distancia”, de la Secretaría de Cultura.

Con base en investigaciones históricas y antropológicas, llevadas a cabo de manera colectiva en el INAH con el apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, la publicación tiene el propósito de contribuir a entender cuándo surgió, por qué y cómo se manifiesta el racismo hacía las poblaciones afrodescendientes en México.

Asimismo, hace reflexiones acerca de los significados de la “raza” en el periodo colonial, de la etapa cuándo se perfilaron las “ideas científicas” que dividieron a los grupos humanos en “razas”, así como del desarrollo del racismo científico en el siglo XIX, a partir de la conformación del Estado-nación y del mito del mestizaje.

El libro está organizado en cuatro apartados que responden a una lógica histórica y temática; en la primera parte se analizan aspectos relacionados con la “raza” y el racismo en el periodo virreinal. El texto que abre esta sección se denomina Del blanqueamiento de Quetzalcóatl a la invisibilidad del cuerpo pintado de negro, en el que la historiadora del arte Rosario Nava Román reflexiona en torno a cómo fue entendida la presencia de las personas africanas durante la Conquista, cuando las nociones acerca de la separación de los grupos humanos aún no se daba a partir de la idea de “razas”,  y cómo se construyeron conceptos asociados con el color negro, como parte de una discriminación hacía estas poblaciones, y el privilegio e idealización de lo blanco con lo divino.

En Esclavitud, raza y racismo. Reflexiones y debates sobre africanos y afrodescendientes en la historia de México, María Elisa Velázquez explica cuándo y por qué el término “raza” adquirió nuevas connotaciones, y cómo estas fueron utilizadas para justificar la esclavitud de personas africanas y sus descendientes durante el auge del comercio esclavista y hasta la mayor parte del siglo XIX.

El artículo del historiador Marco Antonio Pérez Jiménez, Las personas de “menos valer” en Guanajuato a inicios del siglo XIX: la forma de estereotipos afroindígenas analiza las ideas y los prejuicios formados entre las élites guanajuatenses hacía los afrodescendientes de dicha entidad.

Cierra este apartado el trabajo “Castas” como ciudadanos y “castas” viciosas y desarraigadas. Concepciones decimonónicas sobre las poblaciones de origen africano en México, escrito por la etnohistoriadora María Camila Díaz Casas, quien explica cómo se construyeron los pensamientos acerca de las poblaciones de origen africano, a partir de las discusiones en las Cortes de Cádiz, en 1811, y dos escritos de importantes intelectuales del periodo.

En la segunda parte del libro, se aborda el desarrollo de los prejuicios y las ideas racistas hacía las personas afrodescendientes durante el siglo XIX, así como la negación de su presencia y participación en la construcción de la sociedad mexicana, a partir de fuentes como la literatura y la fotografía.

Esta sección abre con el capítulo “Lo negro” y las “razas mezcladas”: estudiar el racismo a partir de los relatos de viajeros extranjeros del siglo XIX, en el que la antropóloga Gabriela Iturralde Nieto reflexiona sobre la manera en que los visitantes registraron en sus escritos la presencia de las personas afrodescendientes en México, y cómo se percibía “lo negro” o las ideas de las “razas mezcladas”.

Por su parte, José Luis Martínez Maldonado, maestro en Artes Visuales, en Africanos y afrodescendientes en la literatura mexicana del siglo XIX: de esclavos a mulatos, de mulatos a extranjeros indaga acerca los mitos y prejuicios que aparecen vinculados a estas poblaciones en la bibliografía del periodo.

El último texto de esta unidad está a cargo la doctora María Dolores Ballesteros Páez, especialista en investigación de imágenes como fuentes históricas. Su trabajo Las fotografías de afrodescendientes en México en el siglo XIX, revela la presencia de este sector poblacional en distintas regiones del país, y analiza los oficios que desempeñaron y los estereotipos asociados a sus habilidades, de acuerdo con las concepciones de “raza” de aquella época.

El siguiente apartado lo integran tres artículos que se interesan por problemáticas contemporáneas del racismo hacía afrodescendientes de la Costa Chica del Pacífico mexicano; contempla el trabajo Racismo y afrodescendencia en la educación básica de México. Libros de texto nacionales y prácticas docentes locales, de la antropóloga Cristina V. Masferrer León, que analiza las prácticas racistas en las labores cotidianas de la enseñanza entre tales poblaciones de la región.

A continuación, el antropólogo Carlos Correa Angulo, autor de La sexualización y la exotización; mecanismos cotidianos de la expresión del racismo entre los afromexicanos, reflexiona acerca de la estereotipación de la conducta y la corporalidad de hombres y mujeres “negros” como dotes naturales de su “raza”, según los planteamientos decimonónicos.

En Formas de nombrar: espacios de inclusión/exclusión de la población de origen africano en la Costa Chica mexicana, último artículo de esta sección, Itza Amanda Varela Huerta, doctora en Ciencias Sociales, analiza cómo a partir de la emergencia del movimiento de los pueblos negros han aparecido múltiples connotaciones para nombrar a estas poblaciones desde diferentes contextos y espacios.

La última parte del libro se conforma de dos trabajos que abordan el racismo hacía los pueblos indígenas desde la antropología. En La idea sobre raza y el racismo: notas desde la antropología, la doctora Citlali Quecha Reyna explica cuándo y por qué surge el concepto de raza en la disciplina y cómo sus distintas corrientes lo han utilizado, recuperado o debatido.

Por último, Apuntes de experiencias de investigación sobre el racismo hacia los pueblos indígenas, de Alicia Castellanos Guerrero, doctora en antropología, invita a reflexionar acerca de las diferencias y similitudes que existen en esta forma de discriminación entre poblaciones indígenas y afrodescendientes.

El libro se podrá adquirir con descuento del 50%, a través del correo electrónico feriafilah@inah.gob.mx con el código OVA1066. Envío incluido a toda la República Mexicana.

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Descubren 2 especies animales nuevas en Quintana Roo

En la más reciente temporada del proyecto se recuperaron el sinsacro de un perezoso gigante, una estalagmita y 500 gramos de materiales diversos con más de 10 mil años de antigüedad

Durante la reciente temporada de campo del Proyecto Arqueológico Subacuático Hoyo Negro, Tulum, Quintana Roo, realizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS), fueron encontraron dos nuevos especímenes de animales y se recuperaron diversos elementos para estudios en laboratorio, entre ellos, el sinsacro de un perezoso terrestre gigante.

Al hablar acerca de estos avances, dados a conocer en el marco de la campaña de difusión “Contigo en la Distancia”, de la Secretaría de Cultura, la arqueóloga Helena Barba Meinecke, investigadora responsable de la Oficina Península de Yucatán de la SAS, señaló que también se recuperaron muestras de material orgánico y restos óseos de animales que cayeron en la trampa natural que fue Hoyo Negro, durante el Pleistoceno Tardío.

El estudio y análisis de estos materiales, recuperados en noviembre de 2019, permitirá enriquecer la información que se tiene respecto a cómo era el paleoclima en esta península hace más de 10 mil años, así como conocer sobre la dieta y el patrón de movilidad tanto de la fauna y megafauna, así como del grupo al cual pertenecía “Naia”, nombre con el que se conoce al único esqueleto humano encontrado en este sitio, el cual corresponde a una joven que vivió hace casi 13 mil años, y murió cuando tenía entre 15 y 17 años de edad.

El proyecto fue creado y co-coordinado por la arqueóloga Pilar Luna Erreguerena (1944-2020) en 2011, junto con los doctores James C. Chatters y Dominique Rissolo, y los buzos científicos Alberto Nava Blank y Robert Chávez Arce. Al evocar a su fundadora, fallecida el pasado 15 de marzo, Helena Barba recuerda: “Pilar quería que se continuara la misma línea de trabajo científico con la cual fundó el proyecto; desarrollando investigaciones rigurosas que incorporaran a los más destacados especialistas de México y el extranjero”.

Ayudados por la reconstrucción a través de modelos 3D de Hoyo Negro y del sistema de túneles que conducen al sitio, elaborados por los espeleobuzos Alberto Nava, Roberto Chávez, Alejandro Álvarez y Samuel Meacham, los especialistas identificaron dos nuevas especies, un reptil y un felino de talla pequeña —sobre las cuales se profundizará en el futuro cercano—, que elevan a 17 el número de especies animales, extintas y existentes, descubiertas hasta ahora.

A este hallazgo se suma la recuperación de restos óseos de varias especies de perezosos gigantes y osos de cara corta. El doctor Blaine Schubert, paleontólogo principal del proyecto, señaló que es la primera vez que se logran extraer restos de este tipo de oso, lo mismo que un cráneo de puercoespín arborícola, identificado por el doctor Josh Daniels, quien descubrió que es mucho más grande que las especies mexicanas conocidas y el primer fósil de este tipo reportado jamás para el Pleistoceno en México.

Ambos especialistas pertenecen al Centro de Excelencia en Paleontología de la Universidad Estatal de Tennessee del Este, donde se encuentra la mayoría de los materiales recuperados, a fin de ser sometidos a diversos estudios y análisis; otros especímenes son estudiados en el laboratorio DirectAMS, en Bothell, Washington.

Durante los trabajos de 2019, también se recuperaron restos óseos de tigre dientes de sable, gonfoterio, tapir, pecarí, cánido y tlacuache; y se logró extraer esmalte de dientes de tres herbívoros gigantes: gonfoterio de tierras altas, tapir y pecarí de collar; así como una estalagmita, fragmentos de carbón y guano de murciélago, dentro del cual se encontraron semillas de palma. El análisis y estudio de estos últimos ayudará en la investigación paleoecológica.

Destaca la extracción del sinsacro del perezoso terrestre (Nohochichak xibalbahkah), el cual constituye una especie y género nuevo; el espécimen recuperado servirá como elemento de referencia al equipo multidisciplinario. Este complejo proceso de registro y recuperación fue filmado en su totalidad. El sinsacro permanece resguardado en el Laboratorio de Arqueozoología de la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico del INAH, bajo la responsabilidad del Dr. Joaquín Arroyo Cabrales.

Colores y Flores Mexicanas

A lo largo de la historia, todas las regiones y por ende los pueblos, han expresado y representado su cultura por medio del color como testigo significante de sus ritos. Desde Pompeya hasta nuestra América, la forma en que se apropian los colores tiene que ver con la manera en que interactúan con sus manifestaciones sociales, ritos, carnavales, etc., construyendo un sistema cultural propio y característico de cada región, supeditada a las condiciones naturales que la geografía y el clima permite.

Mantel de petatillo bordado - Martha Rosales Hernández

Los colores siempre ha sido importante en la cultura mexicana.

Desde los primeros testimonios y registros de los poblamientos en la región , el color ha sido elemento imprescindible, tal y como se puede ver en las pinturas rupestres, donde se da el primer proceso para extraer color de los recursos propios, fueran tierra, flores o insectos.

Sin lugar a duda México se sitúa en un lugar privilegiado a nivel geográfico, en una zona donde la tierra es capaz de sorprendernos con el abanico de colores que de ella emana y que alberga a las especies más coloridas; este entorno en que vivimos determina nuestra forma de ver el mundo y de representarlo. Los antiguos mexicanos concibieron un mundo colorido que supieron representar en las más variadas expresiones. Ya sea en un lienzo de piedra o tela, los colores han sido perpetuados en diferentes formas orgánicas, principalmente las flores.

Con el paso del tiempo, el color siguió vibrando de las más diversas maneras, en un bordado, en una pintura, en un plato, en los trajes típicos, en un penacho o en un canto, por mencionar sólo algunas de sus múltiples representaciones.

Colores

Las flores, los insectos y la fauna marina, junto con las técnicas milenarias de los antiguos mexicanos, dieron origen a una gama sofisticada de colores donde destaca el azul maya o el rojo que se obtiene de la grana cochinilla.

Una de las deidades más representativas del panteón mexica es Xochipilli, príncipe de las flores y de los cantos, binomio cultural fundamental en el México prehispánico, que se hace presente también en la poesía y en esa compleja expresión in xóchitl, in cuícatl, «al menos cantos, al menos flores».

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Rebozo

El rebozo es una de las prendas más características de México

Tradicional y versátil,  es una de las prendas más características de México, también utilizada en Centroamérica y algunos lugares en América del Sur. Reconocido a nivel mundial por su belleza, el rebozo es de forma rectangular, de una sola pieza y puede medir entre 1.5 y 3 metros de longitud. Es hecho de diversos materiales como algodón, lana o seda. En la actualidad su uso puede ser muy diverso, ya sea como bufanda, chal, para cargar bebés o transportar cosas.

El rebozo es recordado como una prenda utilizada por las «Adelitas» en la Revolución Mexicana. Sin embargo, desde la época prehispánica se usaban las tilmas -antecedentes del rebozo- para abrigarse y transportar casi todo.

Hay cerca de 15 pasos para elaborar un rebozo, que van del devanado, urdido y pepenado, hasta el teñido, almidonado y empuntado; este último es el proceso que lleva más tiempo (hasta cuatro meses).

Existen varias teorías sobre su origen: se dice que pudo ser una prenda proveniente de la India o que pudo ser una derivación de las famosas mantillas españolas. También se ha mencionado que surge de la combinación del ayate indígena (el cual era de ixtle compuesto de dos lienzos) o del mamatl (un lienzo rectangular con bordes de un material distinto), ambos usados por hombres y mujeres para carga y transporte de mercancías diversas, con los materiales, colores y formas de las prendas españolas.

Dependiendo de la calidad del hilo, la dificultad del dibujo, la finura y el tamaño de las puntas varía el precio, que puede rebasar los cinco mil pesos. Tenancingo tiene una larga tradición en la elaboración de rebozos, hoy por hoy es uno de los lugares donde se puede adquirir esta artesanía que se exporta a Estados Unidos, España y Francia; pero su elaboración es parte del patrimonio cultural de casi todo el territorio nacional.

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