Zoología prehispánica

La zoología de las civilizaciones mesoamericanas es inseparable de su entramado cosmogónico, vista como depositaria de fuerzas enigmáticas de la naturaleza y de las epifanías de la creación. Las religiones vincularon a los animales con los distintos niveles cósmicos, llegando a incorporarlos al mismo Ser del hombre, como sucede con el nahualismo y el tonalismo, así como a la naturaleza prodigiosa de las divinidades.

También se estableció esta relación con los ciclos del tiempo calendárico, con al mundo de los muertos o tuvieron funciones como mediadores entre los dioses y los hombres, por lo que de modo frecuente eran incluidos en los rituales. Su protagonismo en el mundo divino fue plasmado en múltiples mitos.

ZOOLOGÍA PREHISPÁNICA -Pez de Tlatilco

Diversos documentos arqueológicos otorgan mayor o menor importancia jerárquica a los animales, como sucede con el perro, figura mitológica de gran relieve, representada por el dios Xólotl, hermano gemelo y antagónico de Quetzalcóatl; sin duda, el perro fue uno de los primeros animales domésticos, obligado al sacrificio a la muerte de su amo, debido a su habilidad para moverse en ambientes nocturnos, así como a la creencia de que poseía facultades que le permitían ver a los espíritus y, por tanto, de guiar a su amo en el viaje por el inframundo creencia vigente entre diversos grupos indígenas, por lo que sus entierros ceremoniales son un rasgo común a Mesoamérica.

Al tlacuache se le reconoció tal capacidad de latrocinio que míticamente se cuenta que fue quien robó el pulque, el tabaco y el fuego a los dioses para dárselo a los hombres de algún modo, es el Prometeo mesoamericano. Igualmente se le reconoció cierta sabiduría y sentido civilizador.

ZOOLOGÍA PREHISPÁNICA -Atavío

El quetzal fue un símbolo de prosperidad y su plumaje, considerado una de las cosas más preciadas de la creación, por lo que se le rindió un culto extendido. Las águilas estuvieron relacionadas con el astro solar, mientras que el colibrí fue asociado a la inmortalidad; el murciélago, nacido del semen de Quetzalcóatl, representó la muerte y el búho fue un mensajero del inframundo.

Por su parte, el conejo fue representante de la embriaguez; el coyote constituyó un símbolo de resistencia y fuerza guerrera; el jaguar representó la vertiente bélica del hombre; los sapos fueron ayudantes de los dioses de la lluvia o deidades en sí mismos; mientras que el cocodrilo se imbricó con el origen del tiempo; la tortuga y las serpientes con las fuerzas acuáticas y terrestres; mientras que en el mono recayó la sexualidad.

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